Anafé es una niña bastante parecida a una barrita de chocolate, tiene su mismo color, olor y hasta el atractivo que ellas ejercen sobre las personas. Vive en una granja donde hay patos, gallinas, pájaros, árboles y flores, además tiene cerca de su casa una laguna con peces; por todo esto creo que es una niña afortunada.
Un día Anafé asistió a una fiesta en la ciudad, allí encontró a una señora que también vive en el campo en un mundo muy parecido al suyo, no conversaron mucho pero estaban unidas por un hilo invisible que comunica a las personas que viven en armonía con la naturaleza, esta unión quedó demostrada cuando en el momento de despedirse Anafé se acercó a la señora y le dijo: mañana te traigo una gallina, indicando con un gesto de las manos que era una enorme gallina. La señora pensó…, no existen gallinas tan grandes, el tamaño debe indicar el deseo que tiene de regalármela.
Unos días más tarde, la señora recibió una gallina amarilla que se veía dorada bajo el sol, por lo que le dio el nombre de Plumitas de Oro.
Cuando Plumitas de Oro puso su primer huevo, la señora quiso comérselo frito, pero, al partirlo no salió una yema y una clara de huevo sino un caramelo envuelto en papel azul, cuando puso el segundo huevo tampoco pudo comérselo porque al partir la cáscara salió una almendra rosada, entonces decidió guardarlos para echarlos cuando la gallina estuviera clueca. Reunió muchos huevos, los echó y esperó veintiún días para que nacieran los pollitos y cuando nacieron los miró bien para ver si tenían algo especial, pero no había sino pollitos como todos que decían pío pío, escarbaban la tierra y dormían bajo las alas de su mamá. Un día ocurrió algo extraño; mientras se alisaban las plumas con el pico, cada uno soltó una pluma, todas de colores diferentes, había amarillas, rosadas, azules, verdes y muchos colores más, la señora las recogió y las guardó en un frasco, al día siguiente cuando fue a mirarlas encontró en su lugar sólo caramelos, almendras y chocolates. ¡Qué extraño! pensó, nadie pudo cambiarlas porque yo vivo sola, me dedicaré a observar lo que está sucediendo en este frasco, ese día recogió las plumitas del suelo, las guardó en el frasco, cada hora iba a mirarlas y las encontraba como las había dejado. Al día siguiente las encontró nuevamente convertidas en chucherías, entonces dijo: ahora voy a observarlas durante la noche ¡y así lo hizo! Cuando comenzó la noche prendió una vela junto al frasco y se sentó a mirar, al rato oyó cantar a un aguaitacaminos, se asomó a la ventana para verlo y cuando regresó junto al frasco encontró un nuevo caramelo, se quedó asombrada y dijo: ¡de aquí no me muevo pase lo que pase! Al rato cantó otro aguaitacaminos y ella ni parpadeó, así fue como descubrió algo asombroso: una plumita marrón se desperezó y ¡ZAS! se convirtió en una barrita de chocolate, cantó otro aguaitacaminos, se desperezó otra y ¡ZAS! una almendra, otro canto y otra que se desperezaba convirtiéndose en caramelo, esto se repitió durante toda la noche, al amanecer el frasco estaba lleno de toda clase de golosinas, la señora lo tapó y se lo envió a Anafé como regalo de cumpleaños con una nota que decía así:
Anafé:
Por ese hilo que nos une, te envío un beso y te deseo larga vida, salud y sabiduría.
Te quiere, Isa Arráez.
Marzo, 1985












