Aquí adentro y a la izquierda
he presentido
el cesar de tus latidos.
He retenido entre mis brazos el doblar de tus campanas
rezando padres nuestros y aves marías,
me ha calmado tu voz en el teléfono.
Pude disfrutar uno, dos, tres amaneceres
en el cuarto sol, ese hielo entre los huesos,
esa certeza de sabernos inmortales
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Archivos de: Diciembre 2006
Aquí adentro y a la izquierda
2001
Ahora que la casa no es un nido
las flores se han marchado y con ellas
los cuadros, las fotografías.
Las paredes crecen,
la cocina hiede,
la casa es un azul carcomido por el silencio.
La mujer que por años ha conservado a mi amante en sus pupilas
La mujer que por años ha conservado a mi amante en sus pupilas
duerme en mi cama
Ilumina la casa con velones
Es esa luz la que perduró en el tiempo,
la que quema
Cada tanto,
frota el cuerpo de mi amado con blandas letras
Él no me pertenece
Su mundo: un único aliento,
una sola voz que retumba en mis paredes, en mi cuerpo
Soy un eco,
soy el último temblor de una guerra
La cara encontrada de espaldas a la vida
Quién es esta persona que aparece como un relámpago
a Bárbara Muñoz
¿Quién es esta persona que aparece como un relámpago?
Creo en ti porque en tus dedos vi tatuado el don de responder a mis preguntas. Eres la otra, la de manos largas, la que describe con exactitud los hechos. La bienaventurada. Buscas el sentido.
¿Qué es esto que a ratos nos posee?
Nacimos pegadas por la desdicha, nos sabemos enfermas de nacimiento. Tú, la arquitecta, la matemática, la psicóloga. Yo, tu paciente. La que distorsiona el mundo y lo vomita. La que juega el ajedrez sin reyes ni reinas. Somos puntos nulos del abismo. Una serpiente se dispone a triturarnos.
¿Quién moja mis huesos en leche fresca?
Veo venir a la dueña de este recinto: la encantada, ella halló vida eterna en la sombra. Hace pactos con lo desconocido para proveerse de nuevos ojos, bocas, lenguas, pieles.
¿A quién debo mi condena?












