a Esteban Rodríguez
Aquel amigo
que me acompañaba en las tardes a hablar con las parchitas,
limpiaba con su saliva el veneno de las uvas
y se iba a comprarle semillas a los girasoles.
Juntos construimos una casa en un árbol de aguacate.
Aprendí con él a huir de las culebras,
a llevarle ofrendas a la laguna.
A aquel amigo,
a quien en sueños vi ayer por última vez,
le comió el corazón una alondra
que ha venido a cantar esta mañana a mi cama.












