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Reconstrucción de un itinerario sentimental

por anafeli81 @ 2008-04-30 - 08:48:05 am

La ciudad de que se habla tiene mucho
de lo que se necesita para existir,
mientras que la ciudad que existe en su lugar
existe menos.

Italo Calvino
Las Ciudades Invisibles

Desde niña contemplo con atención las fotografías que envuelven la casa de mis padres y la casa de mi abuela. Un hombre alto, moreno, de ojos pequeños, vestido de blanco y azul y con un gorro de marinero. Mi abuelo paterno. Otra, un hombre gordo, blanco, de grandes manos, lentes de pasta negra y gruesa, vestido de igual forma: abuelo Conde. El segundo esposo de mi abuela una vez que enviudó. Ambos marineros.

Al primer hombre de la fotografía no lo conocí así que quien fungió como abuelo paterno fue abuelo Conde. Gratos recuerdos de mis primeros años fueron a su lado y son en gran parte motivo de estas líneas. Si a través de la cultura oral de mi padre recreé los tiempos de la Maracaibo portuaria, de los marinos que hacían vida en el Lago, con abuelo Conde viví, experimenté parte de las costumbres de su oficio. Mi abuelo vivía, cuando yo venía a pasar vacaciones a Maracaibo, en el apartamento que hoy habito. Es decir, vivía frente al Lago cuando todavía podíamos bañarnos en él sin temer una enfermedad, aunque ya en los últimos años salíamos con grandes lunares en alguna parte del cuerpo. Abuelo solía bañarse en las tardes en el Lago, cuando yo estaba acá esperaba ansiosa que hiciera su siesta para luego ir a bañarme con él. Tenía unos cuatro o cinco años y él todavía era un hombre fuerte, de contextura gruesa. Nos metíamos cerca del rompeolas donde reciben el sol los buchones, él se acostaba a flotar y yo me subía en su cuerpo como en una cama inflable hasta quedarme dormida. Ese es quizás el recuerdo más nítido que conservo de mi abuelo. Esto unido a los cuentos que mi padre nos solía contar en carretera, casi siempre de Quíbor a Maracaibo o viceversa, anidaron en mí una noción de Maracaibo que, sólo hoy lo sé, se corresponde a lo que he llamado imaginario tradicional. La ciudad que imaginaba en cada paso que por ella hacía, era una ciudad del pasado, viva en la memoria de un colectivo y que, como lo pude comprobar, no estaba muerta en el sentido literal de la palabra. Yo, nacida en 1981, imaginé, viví y sentí a una ciudad que físicamente estaba, en gran parte, desapareciendo. El recorrido que hacía con mis padres y mi hermano, cuando andábamos de paso, era por espacios y paisajes que alimentaban aún más la imagen que en mí crecía de Maracaibo. Ãbamos a dar paseos en las lanchas que salen del malecón hasta los puertos de Altagracia. Allá caminábamos por el pueblo, mi padre conversaba con sus habitantes buscando siempre un apellido que revelara parte de su origen, una sangre que se uniera a la nuestra. Almorzábamos y regresábamos al Malecón de la avenida Urdaneta. Otro día, papá nos llevaba a conocer la casa donde él nació, en Santa Lucía, nos bajábamos del carro, le preguntaba a los dueños de la casa si nos permitía la entrada y entrábamos a recorrerla esperando ver algún detalle donde el tiempo estuviese intacto, congelado, inmóvil, que reafirmara vivencias y fortaleciera recuerdos. Salíamos de la casa y nos contaba quien vivía en cada casa de la cuadra, cómo eran sus relaciones con cada miembro de la familia. En cuál casa compraba los cepillados, en cuál vendían tarjeticas para el álbum, en cuál vivía la muchacha más bonita; así nos recreaba todo un barrio. Toda una gente, todo un tiempo. Cada día transcurría habitando recuerdos vivos, frescos, íntegros. De regreso a casa, hacíamos una última parada en San Francisco, allí comprábamos el pescado, íbamos hasta la plaza, comíamos unos deliciosos cepillados, que todavía venden, mi hermano y yo jugábamos en la plaza mientras mis padres llamaban por teléfono. Ese era el final de Maracaibo. Digo Maracaibo porque a esa edad no entendía nada de Municipios y para mí San Francisco era parte de la ciudad. Quedaba del viaje las paradas en el camino a comer, a orinar, a tomar agua, a conocer, a estirarnos.

El año en que llegué a vivir a Maracaibo, murió mi abuelo Conde. Abuela Alicia se había ido a la casa de una de sus hijas a pasar unos días mientras se recuperaba, el apartamento donde vivían mis abuelos lo habían alquilado por unos meses para no encontrarlo invadido por el comején. Yo llegué los primeros días a casa de la mayor de mis dos tías. Ahí estuve unos meses, mientras nos pasaba a todos el aturdimiento que había dejado en nosotros la decisión tan abrupta y definitiva de dejar a mis padres y venirme a vivir, relativamente sola, a Maracaibo. Luego me mudé a unas cuatro cuadras de donde estaba la casa de mi otra tía, ubicadas ambas en el barrio 18 de Octubre. Traía conmigo esa ciudad de las fotografías que veía en mi casa, la ciudad de mi abuelo, la ciudad de mi padre, la ciudad oral que había crecido en mí hinchando mi imaginación y mis ganas de vivir de expectativas. Vine a estudiar los últimos dos años del bachillerato, en la Escuela de Artes Plásticas Julio Ãrraga, me gustaba hacer los recorridos por la ciudad que había aprendido con mi padre. Esta vez le sumé a los paseos a Santa Lucía otros ingredientes, conocí el gusto por una fría debajo de un sol inclemente, me gustaba ver a través del humo, no me iba en un carro propio sino que caminaba sin saber a ciencia cierta adonde iba, esperaba cualquier bus que me dejara en una avenida que yo conociera para poder devolverme a casa. Me sentía parte de la ciudad. Sentía que ahora sí la habitaba. Conversaba mucho con gente de más edad, desconocida, que estaba parada en el porche o en la ventana que daba al frente de la casa. Hablaba de cualquier cosa. Inventaba mucho, lo confieso, decía muchas mentiras acerca de mi vida y quién era yo, qué hacía aquí. Porque evidentemente reconocían en mí un acento distinto, de vez en cuando se me escapaba mi na' guará, y mi expresión corporal era, creo que ya no, distinta a la de la gente de esta ciudad. Era, como me decían ellos, muy modosita.

El primer año viviendo en Maracaibo no contrastó realmente con la ciudad de recuerdos que traía, más bien se nutría. Yo, tal vez por mi juventud, no me detenía a reflexionar sobre lo distinto que era el malecón que yo visitaba con frecuencia, con primos y amigos para ir a Los Puertos, del malecón habitado por mis abuelos, mi bisabuelo y mi padre cuando era un niño. Qué elementos habían cambiado los modos de vida. Esas interrogantes no sé cuando surgieron. Sin embargo, cuando me percaté que mi historia, mi memoria de la ciudad era sólo un pedazo, recordé entonces la otra parte de los cuentos de mi padre sobre su origen. Recordé porqué mi abuelo paterno de sangre, Miguel Ãngel, no llevaba el apellido de su padre, y porqué sus hermanos, en su mayoría, tenían distintos apellidos. Hijos casi todos de españoles que duraban en la ciudad el tiempo que tardaran en desembarcar la mercancía y enamorar a una mulata. Recordé también el cuento de mi bisabuelo César Augusto, el padre de mi abuela paterna, quien se enamoró de una bailarina que venía de España y que hacía sus presentaciones en los barcos. Mi bisabuelo se fue encantado por unos meses y su esposa, mamá Ana, se fue a Ceuta con sus hijas a pasar el trago amargo mientras él se ausentó. Luego cómo era de esperarse lo perdonó. Muchas mujeres perdonaban, dice hoy mi abuela, porque entendían que lo que estaba pasando era algo así como fuera de su voluntad; ellos, los hombres, eran encantados tal cual encanta una serpiente a un ratón, por modos de vida diferentes, por cuerpos distintos, no mejores ni peores, distintos. Se comenzaban a instalar en la ciudad los imaginarios transitorios.


 
 

Sobre Maracaibo

por anafeli81 @ 2008-04-25 - 09:36:17 am

Con el petróleo se inicia en nuestro país, y en particular en Maracaibo, una crisis que hemos localizado y focalizado en los «imaginarios», repertorios de imágenes simbólicas de una comunidad, de una sociedad; vale decir, las imágenes que permiten una visión integradora y compleja de lo maracaibero, tanto en lo que podemos llamar la "realidad" como en la literatura, o discurso de ficción.

Decimos que la crisis se manifestó en los imaginarios, porque la ciudad es una elaboración de sus ciudadanos, que la viven y a la vez la sueñan, hacia el pasado y hacia el futuro, de modo que una industria como la petrolera modificó tan drásticamente el presente (de ahí la noción de caos que nació contemporáneamente con su explotación ) y que disolvió en la más completa de las incertidumbres el futuro, al tiempo que asignaba al pasado características de ensoñación y nostalgia, que de seguro lo elevó o redujo a la imagen de paraíso perdido. En efecto, los testimonios revelan que la transformación de la Venezuela agropecuaria a la petrolera estuvo lejos de ser leída y asimilada como paulatina. Al contrario, fue violenta y sus efectos son aún visibles, y los sufrimos en la cantidad de distorsiones culturales, sociales, económicas y políticas que caracterizaron todo el siglo XX. Sin embargo, Orlando Araujo en Venezuela Violenta (1968), hace un estudio sobre las formas de violencia (la feudal y la imperialista) que se han manifestado en Latinoamérica y esencialmente en los venezolanos, lo cual nos revela como la violencia forma parte de nuestro imaginario desde la colonia hasta nuestros días.

"Ya no se trata solamente del conflicto entre latifundistas y campesinos, ni del contraste entre la explotación extensiva feudal del campo y las formas avanzadas de la producción agrícola capitalista; sino de la oposición y conflicto de intereses entre la nación venezolana, dueña de recursos fabulosos en petróleo y minería, y la nación norteamericana, dueña mayoritariamente de los grandes capitales que explotan aquellos recursos." (Araujo, 1968:157)

Desde entonces, desde antes de la muerte de Juan Vicente Gómez hasta hoy, los imaginarios (el tradicional, el transitorio y el sentimental) comienzan a dialogar, a imbricarse, a interrelacionarse hasta producir un tejido que acaso explique imágenes de Maracaibo como las de nuestros escritores César Chirinos y Hesnor Rivera.

En el imaginario tradicional necesariamente debemos colocar lo que permanece como puente hacia el pasado, lugares, espacios, ambientes, personajes, perfiles, rostros, calles, que continúan entre nosotros físicamente o no, pero determinantes de esa relación vital con el pasado. Esto quiere decir que es tan importante El Saladillo como Santa Lucía. Lo destruido y lo que permanece. O mejor, lo destruido que permanece, a pesar de la destrucción, y que continúa en la memoria, articulándose en proyectos urbanos como La Calle Carabobo, o en exposiciones fotográficas como La Calle 100, o bien, en la memoria colectiva de una comunidad como la maracaibera que mantiene una particular relación con su memoria, su tradición y su pasado. Maracaibo se puede calificar, porque no, de epicentro de la cultura petrolera. Los pueblos de la Costa Oriental sufrieron el impacto como de una bomba, sus estructuras fueron sacudidas, y la población que llegó de todas partes y la que tuvo que irse de Maracaibo, configuró un tipo de población y de asentamiento definitivamente extraño o raro. Los llamados campos petroleros son un tipo de organización urbanística ajena a nuestra idiosincrasia y a nuestra tradición. Pero al margen de estos asentamientos que incluso pueden calificarse de «insulares», porque en efecto son como islas, en Maracaibo y en pueblos aledaños a los citados campos, permanecieron los trazos de una arquitectura que hermana nuestras costas a las de las islas y demás ciudades que conforman el Caribe. Y no sólo eso, porque al margen de la cultura petrolera sobrevivió un tipo de cultura ajena a la industrial y de capitales financieros, más cerca de la cultura comercial heredada por distintas vías, en especial, como producto de una ciudad portuaria. Pero lo destruido elige formas de permanencia y manifestación, a nivel de los substratos indígena y afro, que se manifiestan en la oralidad, el vestido, la gastronomía, la medicina, la organización familiar, espacial, etc.

Parte de la crisis del imaginario tradicional es el producto de una movilización y una agitación que distorsionó el perfil de Maracaibo en particular, como del estado Zulia y Venezuela en general. Hay que resaltar que el puerto de Maracaibo recibió gentes de todas partes, era de hecho un puerto cosmopolita, de modo que el habitante de estas tierras tenía trato y conocimiento de lenguas y razas que visitaban nuestra ciudad, en viajes de negocios o de placer. Pero el petróleo provocaría una llegada de población con otro signo, casi con el signo de la invasión. Nacionales y extranjeros se movilizaron a esta tierra no para buscar un mejor destino, sino porque el trabajo agropecuario, de por sí ya escaso, pasó a ser nulo. Eso produjo un desplazamiento masivo de la población campesina huyendo del hambre y del abandono, para asentarse en los márgenes de las islas de petróleo que no esperaba emplearlos, no darles acogida, que no contaban como era lógico y cabía esperar, mayoritariamente con ellos. Este desplazamiento masivo de gentes y costumbres, configuró un escenario atravesado por la transitoriedad.

Al cumplir ochenta. Henry Miller

por anafeli81 @ 2008-04-23 - 09:07:36 pm

Lectura para compartir

• Uno puede combatir el mal, pero contra la estupidez no existe arma posible.

• Lo que importa son las cosas pequeñas, no la fama ni el éxito o el dinero. La cima es muy estrecha, pero abajo hay muchos como tú que no se estorban ni se molestan. Ni por un instante se te ocurra que los genios viven felices; todo lo contrario, da gracias por ser del montón.

• No soy pesimista ni optimista; para mí el mundo no es ni esto ni aquello sino todo al mismo tiempo y así será para cada quien en su propia medida.

• Picasso dijo alguna vez: “uno comienza a volverse joven a los sesenta pero para entonces ya resulta demasiado tardeâ€.

• Sin importar qué tan limitado pueda volverse mi mundo, no me lo imagino sin mi capacidad de asombro; en cierto sentido creo que puedo definir esta capacidad como mi religión.

• En mi opinión, después del amor, la amistad es lo más valioso que nos ofrece la vida.

• Toda la vida tuve amigos provenientes de mundos totalmente disímiles, tuve y sigo teniendo amistad con personas que no son nadie y debo confesar que se cuentan entre mis mejores amigos. He sido amigo de criminales y de ricos despreciables. Mis amigos me mantienen vivo, me han dado ánimo para proseguir y también, muchas veces, me han aburrido hasta las lágrimas. En lo único que insisto con todos mis amigos, sin importar su clase social o su condición, es que hablen con la verdad; si no puedo ser abierto y franco con un amigo, o él conmigo, no me interesa.

• La capacidad de ser amigo de una mujer, en particular de la mujer a la que amas es, para mí, la mayor de las proezas. El amor y la amistad rara vez van de la mano.

• Una de las grandes diferencias entre un sabio genuino y un predicador radica en la jovialidad: cuando el sabio ríe la risa sale de la panza; cuando se ríe el predicador (raras veces) le sale de la mejilla equivocada.

• Al hombre sabio de verdad -¡incluso al santo!- no le interesa la moral; está por encima y más allá de tales consideraciones, tiene un espíritu libre.

• La bestia no se disculpa por matar a su presa; la bestia humana, en cambio, llega a invocar la bendición de Dios cuando masacra a su prójimo, olvida que Dios no está de su lado sino a su lado.

• Cualquier camino que uno elija será como caminar en la cuerda floja.

• Uno tiene que poner todo su esfuerzo aunque nunca resulte suficiente.

• Cuando hablo de una salida sin dolor para los millones de personas que sufren no hablo con cinismo o como quien no ve esperanza alguna para la humanidad. En sí, la vida no tiene nada de malo: es el océano en el que nadamos y se trata de adaptarse o hundirse, pero nuestra capacidad como seres humanos radica en no contaminar las aguas de la vida, no destruir el espíritu que nos infunde aliento.

• El hombre que se toma demasiado en serio no tiene salvación.

• Siempre han existido el bien y el mal, la fealdad y la belleza, lo noble y lo innoble, la esperanza y la desesperación. Parece imposible que los contrarios dejen de coexistir en lo que llamamos mundo civilizado.

Frases de Henry Miller tomadas del libro Al cumplir ochenta. Publicado por la UNAM, Publicaciones y Fomento Editorial. Colección “Pequeños Grandes Ensayosâ€. México, 2004.



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Sobre el Aleph y Ficciones de J.L.Borges

por anafeli81 @ 2008-04-23 - 06:40:36 pm

Luego de hacer una lectura de Borges, en los libros El Aleph y Ficciones, atendiendo a aquellas frases que hacen posible a determinado cuento, me consigo con que en Borges todas esas frases constituyen todo un corpus narrativo que arma su obra. Son frases que nos llevan a conclusiones que muestran algunas ideas de Borges acerca de la literatura:

• Una ficción se puede soportar sobre la base de un texto apócrifo. Este principio viene de muy atrás, maduró para nosotros con el Quijote, y fue explotado por Poe incansablemente.

• Una ficción puede residir en un lugar no imaginario. En La Busca de Averroes, leemos: "Abajo estaban los jardines, la huerta; abajo, el atareado Guadalquivir y después la querida ciudad de Córdoba, no menos clara que Bagdad o que el Cairo, como un complejo y delicado instrumento, y alrededor (esto Averroes lo sentía también) se dilataba hacia el confín la tierra de España, en la que hay pocas cosas, pero donde cada una parece estar de un modo sustantivo y eterno" (p. 135)

• En la ficción se cotejan libros. En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, leemos: En el "onceno tomo" de que hablo hay alusiones a tomos ulteriores y precedentes. Néstor Ibarra, en un artículo ya clásico de la N. R. F., ha negado que existen esos aláteres; Ezequiel Martínez Estrada y Drieu La Rochelle han refutado, quizá victoriosamente esa duda. El hecho es que hasta ahora las pesquisas más diligentes han sido estériles." (p.9)

• El cotejo de libros, las relaciones que aparecen de ese frote producen una realidad.

• Lo sorprendente es entretenido.

• La interpolación ambigua de elementos entre sensibles y fantasmáticos produce realidad "mágica"-ficticia.

• La unión de elementos heteróclitos, disímiles, producen un chispazo de sentido nuevo-sorprendente.

• Los libros crean un sistema de relaciones cuya forma es laberíntica.

• Para llegar al libro es preciso recorrer un laberinto, bien sea de circunstancias, de libros, o de circunstancias librescas.

• La acumulación, la sumatoria de partículas de incertidumbre crean un campo vibratorio, una atmósfera de extrañeza.

• La lectura es una fatiga subalterna de índole policial.

• La crítica es hacer aparecer o revelar lo imposible, construir o inventar los tomos que faltan, a través del trabajo mancomunado de los investigadores para lograr el sentido completo de algo, de un hecho.

• La lectura de un cuento crea un mundo con un pasado ilusorio. En El Inmortal, leemos: "Quienes hayan leído con atención el relato de mis trabajos recordarán que un hombre de la tribu me siguió como un perro podría seguirme, hasta la sombre irregular de los muros." (p. 97)

• Todo sustantivo tiene un valor metafórico.

• El hombre que se desplaza modifica las formas que lo circundan.

• La literatura que frota libros, que los relaciona, es una lectura crítica.

• La literatura de ficción abarca un sólo argumento, con todas las permutaciones imaginables. En Abenjacán El Bojarí, Muerto en su Laberinto, leemos: "Sí. Nada me asombraría que la telaraña (la forma universal de la telaraña, entendamos bien, la telaraña de Platón) hubiera sugerido al asesino (porque hay un asesino) su crimen". (p. 155)

Estados del alma

por anafeli81 @ 2008-04-21 - 07:41:50 pm

Mis estados del alma son siempre los mismos, con pequeñas variaciones: a veces malhumorada, a veces triste, a veces suicida. Un solo abismo que persiste.

EL GALLO MÁS SUNTUOSO

por anafeli81 @ 2008-04-20 - 08:50:29 pm

Ver selección de poemas de Rafael José Ãvarez

EL GALLO MÃS SUNTUOSO
en Trina y Otras memorias
de Rafael José Ãlvarez

El gallo más suntuoso
hospeda al rani
Canta desde el otro
Cae su gran plumaje
en la secreta umbría
del soñador
Muere
"Gallo"

El gallo, chirriando,
registra sus pisadas
por la calle dormida
"Disnea"

(…) y el solar
prolija pupila de un gallo torpe
que muerde
mi paciencia
"Están sonando"

I
Advierto en el libro Trina y otras memorias del poeta Rafael José Ãlvarez que la palabra "gallo" irradia una serie de relaciones que percibimos a medida que investigamos sobre la etimología de algunas palabras. Vamos a estudiar los sentidos de la palabra gallo, principalmente, en dos niveles. En un primer nivel tenemos: el sentido idealizado y el sentido mancomunado. El primero, parafraseando a J. A. Marina, en La Selva del Lenguaje, trata sobre los significados ideales de las palabras, reconocidos por la ciencia y la lexicografía. El mancomunado, sobre los significados que le atribuimos a las palabras, producto de un pacto semántico tácito. El segundo nivel está compuesto por el significado simbólico de las palabras, así como por sus significados figurados y los sentidos que el autor le fue sumando a la palabra «gallo» y que no corresponden en una primera instancia con los referentes universales que de este signo tenemos, sino que tienen una carga más invisible, más inaprehensible. Se trata, en este caso, del sentido privado o personal.

Tenemos en el primer nivel, entre los significados idealizados y los mancomunados, lo siguiente: con los primeros nos referimos, claro está, a los significados que nos ha aportado el diccionario; en los segundos, a los significados que le suma el autor al ave, que aunque no formen parte directa del significado ideal, los reconocemos como rasgos universales, comunes, si se quiere propios del gallo.

Así encontramos en el sentido idealizado que la palabra “gallo†viene del latín Gallus -i m. que significa gallo. El diccionario Hispánico Universal amplía este significado, pues encontramos doce acepciones de las cuales hemos tomado cinco:

1. Género de aves gallináceas, por lo común de aspecto arrogante y cabeza adornada de una cresta roja y tarsos fuertes, escamosos, armados de espolones largos y agudos. 6. Hombre fuerte, valiente. 7. Hombre que trata de imponer a los demás por su agresividad o jactancia. 8. fig. Fam. nota falsa que inadvertidamente emite el que canta, perora o habla. 9. fig. Fam. El que en una casa, pueblo o comunidad todo lo manda o lo quiere mandar y disponer a su voluntad.

Para el sentido mancomunado tomamos los adjetivos con que el autor califica al animal, estos son: suntuoso, luminoso, estridente y torpe. También el verbo chirriar. Todas estas palabras forman parte, como ya dijimos, de un pacto semántico en el imaginario colectivo. Es decir, aunque luminoso o estridente no aparezcan en el sentido ideal del signo «gallo», responden sí a unas características físicas y propias del ave: sus colores (amarillo y rojo), sus acciones (cantar).

En el segundo nivel, que llamamos personal, simbólico y figurado, ubicamos los signos que tienen una relación menos arbitraria con la palabra “galloâ€, debido a que de alguna manera se presentan ajenos a nosotros. Pertenecen al universo poético-simbólico del autor y gozan de la misma jerarquía que los significados de los sentidos mancomunados e idealizados en el gran sentido del discurso como una totalidad, vale decir, en el sentido del libro.

Citemos dos versos:

pasan gallos de azufre por las lomas p.95

Suena un gallo solar p.98

Las palabras «azufre» y «solar», en un sentido ideal no nos permiten establecer relaciones inmediatas con el signo «gallo», sin embargo la posición que ocupan y la función que cumplen en la oración son suficientes para llamar nuestra atención. Sobretodo si más adelante notamos que la palabra solar es una constante en el contexto que suscita el signo «gallo» cada vez que aparece.
La palabra «solar» es una homonimia, a pesar de tener significantes idénticos sus significados son diferentes, no tienen el mismo origen. Encontramos en la entrada del diccionario lo siguiente:

Solar 1: (del latín solarius, de solum, suelo) m. Casa antigua de que procede una familia noble. Porción de terreno edificado o para edificar.

Solar 2: (del latín solaris). // adj. Perteneciente al Sol.

Solar 3: (del latín, solum, planta de pie, suelo). // tr. Revestir el suelo con ladrillo, losas u otro material.

Solar 4: tr. Echar suelas a los zapatos.

En el poemario la palabra “solar†es utilizada en sus dos primeros sentidos. Tal como vimos en el verso anterior, gallo solar parece referirse a la segunda acepción: perteneciente al sol. Esta relación entre gallo-sol pudiera estar motivada por varias razones: una por el color amarillo que tiene el animal y que simboliza, entre otras cosas, la luz. Dos, porque el gallo canta antes del amanecer, es decir, anuncia el nacimiento del sol, y tres, porque el gallo, al igual que el sol es el centro del sistema planetario, es el centro del universo poético.

En otro verso se lee:

Y el solar/ prolija pupila de un gallo torpe/ que muerde/ mi paciencia. p.67

En este verso la palabra solar se acerca más a la primera acepción que a la segunda. Aparte del significado que tomamos del diccionario, el ideal, se construyó uno mancomunado donde llamamos solar al patio de las casas, generalmente de arquitectura española hija de la árabe. Solar, entonces, estaría sustituyendo a patio. Si recordamos el lugar de origen de estos poemas, el estado Falcón, específicamente Coro, no se nos hace difícil hacer la relación pues en Coro perduran casas con estas características.
Hay una tercera referencia a la palabra solar que nos prepara para nuevas relaciones:

Buenas noches
Trinidad
(…)
la del solar que vuelve
con sus gallos p.92

En primer término tenemos el momento del día a la cual se hace referencia: la noche. (Aprovechemos para decir que a pesar de las relaciones que hemos venido descubriendo entre el gallo y la luz, gallo y sol, hay un momento en el cual leemos: noche que ha sido gallo.)
Segundo: Trina significa Trinidad y Trinidad está sustituyendo a Trina.
Tercero: la palabra “solar†puede estar indicando patio como en el ejemplo anterior, pero parecería demasiado inocente u obvio, solar en este verso abarca los dos sentidos en uno solo y definitivo. Solar es sol, es patio; por ende, Trina es el patio de la casa, es el centro de la casa, es la luz de la casa.

II
Curiosamente, en italiano el significado de gallo es: gallo orata stonatura. De estos tres significados dos refieren al ave, mientras que stonatura es un adjetivo que significa desafinado, desentonado. Orata aparece en el diccionario de Latín como: orata- orum. n. pl.: peticiones, ruegos, demandas.

Encontrar esta última acepción de gallo nos abre a otro mundo de asociaciones. Notamos que, en los poemas donde aparece el signo gallo se desprende una atmósfera cargada de sentidos sagrados. Por ejemplo, en cuatro de los poemas estudiados está el gallo rodeado de palabras como escapulario, plegarias, persignación e incluso uno de los poemas se llama oratorio. Es decir, que en estas palabras comenzamos a ver una relación más o menos clara entre aquella acepción orata y estos signos que contextualizan los poemas. Reafirmándonos en la idea en la cual -según Ullmann: "el contexto estrictamente verbal ya no está restringido a lo que precede y sigue inmediatamente, sino que puede abarcar todo el pasaje, y a veces el libro entero, en que se encuentra la palabra." (Ullmann: 1991:57)

Si revisamos también el significado de «gallo» en el Diccionario de Símbolos y Mitos, encontramos que es un animal que simboliza a Cristo, la luz y el sol. Vale entonces hacer el siguiente recorrido:

1. Solar nos llevó en una de sus acepciones al Sol y éste se utiliza en un sentido figurado para designar a Cristo .

2. Escapulario (del latín scapulum: trozo delgado de tela colocada sobre pecho y espalda) simboliza el yugo de Cristo.

3. Trina (del Latín trinus) se utiliza para significar la Trinidad de las personas en Dios; y Trinidad significa: representación a la Santísima Trinidad por el símbolo de un triángulo, que encierra el monograma de Cristo.

4. Gallo: advierte que el día se aproxima, anuncia a Cristo y expulsa las larvas de la noche. No sólo evoca la Resurrección de Cristo, sino la nuestra.

5. Jueves simboliza a Júpiter. Júpiter corresponde al Zeus griego. El padre de los dioses fue, en su origen, un dios cósmico, dispensador de la luz, señor del sol y de los fenómenos celestes. Fue el dios del rayo y del trueno.

Todas estas palabras que en una primera lectura no parecen tener una relación tan estrecha como la que hemos descubierto, resultaron parte de una misma red. Encontramos que desembocan en un mismo lugar, celestial, por lo demás. Al develarlas vemos que Cristo es el gran sentido que está vibrando por debajo de aquellos signos. Desde el signo «gallo» hasta las palabras, aparentemente más alejadas, como jueves o Trina, tienen un significado simbólico que alude a un mismo signo: «Cristo». Así, podemos concluir con palabras de Ullmann que "la significación completa de un término importante sólo puede captarse a la luz de la obra en su conjunto." (Ullmann: 1991:57)

III
Los adjetivos que ubicamos en el primer nivel marcaron la pauta para las asociaciones hechas a posteriori. Luminoso y suntuoso repercutieron luego en la relación del gallo con el sol. Ambos signos comparten el mismo adjetivo aunque uno con menos motivación o intensidad que el otro. El signo gallo tiene menos intensidad puesto que posee uno de los atributos del sol que es el color amarillo, de allí su relación con la luz, con lo luminoso. Y todavía de una forma aún menos arbitraria ocurre con suntuoso, pues son atributos más del sol que del mismo gallo si lo tomamos en el sentido idealizado del adjetivo que significa magnífico, grande; aunque válidos para ambos. Este segundo adjetivo parece darnos indicios del perfil que el autor creó, soñó del animal.
El tercer adjetivo -â€estridenteâ€- junto al verbo “chirriarâ€, apuntan a la acción más importante y resaltante del gallo que tiene que ver con el sonido: cantar. Pero el hecho de que se utilice el verbo chirriar y no simplemente cantar nos da ya matices del camino que toma. Siguiendo a Ullmann:

"Si se dispone de más de una palabra para la expresión de la misma idea, el escritor seleccionará la que sea más conveniente al contexto: la que procure la cantidad adecuada de emoción y de énfasis, la que se acomode más armoniosamente a la estructura fonética de la oración, la que se ajuste mejor al tono general de la expresión." (Ulmann: 1991: 171)

Chirriar significa que no canta con armonía y estridente, sonido agudo, desapacible y chirriante. Causa o mete ruido y estruendo. La elección del autor se debe a que estridente y chirriando se ajustan mejor al tono general de la expresión, al sentido que se está creando. Ambos parecen estar más cerca de torpe que cantar, porque un animal que por naturaleza deba cantar pero esto lo haga de forma inarmónica, sin duda en vez de cantar, chirrea; junto a estruendoso, estamos frente a los atributos de «torpeza». Es decir, que los dos signos que hemos considerado como válidos y aceptables para describir o definir al gallo, permiten que al aparecer un adjetivo como “torpe†no exista ningún desconcierto. Sin embargo, advertimos que torpe (con esa erre arrastrando su concha barroca) se inclina al sentido personal, privado del autor.

BIBLIOGRAFÃA

1. ÃLVAREZ, José. R. (2001) Trina y Otras Memorias, Ediciones Poesía, Naguanagua, Estado Carabobo.

2. MARINA, José. A. (1998) La Selva Del Lenguaje, Anagrama, Barcelona España.

3. ULLMANN, Stephen. (1991) Semántica, Taurus Ediciones, Madrid.

4. PÉREZ RIOJA, J. A. (1997) Diccionario de Símbolos y Mitos, Editorial Tecnos, Madrid, 1997

5. Diccionarios Cuyás, Italiano-Español, Español-Italiano. Barcelona España.

6. Diccionario Hispánico Universal. (1972) Enciclopedia Ilustrada. Tomo II. W. M. Jackson, INC, Editores, México.

7. Diccionario Ilustrado Vox Latino-Español, Español-Latino. (1999) Vigésimo primera edición, España.

Febrero 2005

por anafeli81 @ 2008-04-19 - 05:01:34 pm

Hay un estado del alma que me abate en estos días grises, húmedos. Algo pasa en la memoria. Dentro estoy en un quedo letargo. Los huesos se entumecen, arden los ojos. Es necesario escribir, ejercitar los dedos, revolverse por dentro, buscarse sin ningún fin, dispuesto a nada.
Los días grises no debo salir a la calle. No puedo alzar la cabeza, me cuesta mirar a alguien a los ojos. Sólo la palabra tiene cabida.
Los días grises me obligan a pasar las páginas de un álbum imaginario, de un álbum etéreo, infinito

COMUNICADO DEL MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA RELACIONES EXTERIORES DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA SOBRE EL INFORME ANUAL DE LA COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS 2007.

por anafeli81 @ 2008-04-05 - 01:09:59 pm

La República Bolivariana de Venezuela rechaza categóricamente el Informe 2007 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en lo referido al desarrollo de los derechos humanos en Venezuela y repudia, por falsos, los señalamientos sobre supuestas violaciones que “afectan de manera general el disfrute efectivo de los derechos humanos de todos los habitantes de Venezuelaâ€, como temerariamente refrenda la CIDH.
El Estado venezolano ha analizado detenidamente el Informe 2007, percatándose nuevamente con decepción, que las fuentes utilizadas por la CIDH para su elaboración, corresponden a un sin número de aseveraciones, ligeras y sin elementos probatorios, producto de datos y opiniones emanadas de varias organizaciones –con una clara tendencia política opositora- contrarias a las acciones que lleva a cabo el Estado Venezolano, en función de perfeccionar la calidad democrática en nuestro sistema político y social, orientado por la legítima y democrática Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.
Este Informe de la CIDH constituye un acto más de la campaña de descrédito internacional, impulsada desde el gobierno de los Estados Unidos de América, contra instituciones venezolanas y nuestro sistema democrático, sin duda alguna la CIDH cede una vez mas a las groseras presiones de la Casa Blanca
El Informe reitera la actitud de parcialidad y selectividad malintencionada con que actúa la CIDH contra Venezuela, lo cual pone en entredicho la credibilidad y fortaleza de este organismo del Sistema Interamericano.
Contrario a lo que afirma la CIDH, el Estado venezolano, en estos años de Revolución Bolivariana, ha alcanzado innegables progresos en cuanto al respeto, goce y garantía de los derechos humanos de todos los venezolanos y venezolanas, como resultado de la clara vocación de nuestro gobierno de combatir la pobreza, la desigualdad y la exclusión en la que fue sumida nuestra patria, como producto de las políticas neoliberales aplicadas. De igual manera, la CIDH se niega a valorar los esfuerzos que se realizan en Venezuela para garantizar plenamente los derechos constitucionales.
El ejercicio de la actividad de los defensores de los derechos humanos, el derecho a la libertad de expresión, el legítimo derecho a la protesta social y el respeto a la vida se encuentran plenamente garantizados en nuestro país. Hoy Venezuela disfruta como nunca antes en su historia, de un sistema democrático de amplias libertades, con la participación entusiasta y consciente de todo el pueblo, realidad ésta que es fácilmente comprobable en cualquier lugar de la geografía de nuestra patria.
Igualmente hay avances sustanciales en el combate contra la delincuencia y en el mejoramiento de las condiciones de nuestros centros de reclusión, son logros irrefutables, siempre orientados por los principios humanistas de nuestra Constitución.
A diferencia del pasado, que existía un poder judicial atado a los grupos económicos, mediáticos y a la oligarquía interna, en Venezuela existe hoy un Poder Judicial autónomo, independiente e imparcial, obligado constitucionalmente para garantizar a los venezolanos y venezolanas el derecho a la protección judicial efectiva de sus derechos e intereses, a todos por igual.
Un análisis objetivo de la situación, necesariamente lleva a concluir que no hay motivo para cuestionar, de manera especial y por encima del resto de los países del continente, el sistema de derechos humanos que impera en nuestro país. Mucho menos se justifica cuando se tiene en cuenta que antes de producirse todos los progresos en materia de derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos conquistados por el Gobierno Bolivariano, la Comisión Interamericana ignoró la situación de los derechos humanos en Venezuela.
El Estado venezolano expresa su honda preocupación por la subjetividad con la que la CIDH ha elaborado su Informe 2007, y ratifica su inconformidad y desacuerdo con los hechos en él planteados, pues no responden a una investigación analítica, seria e imparcial sobre la situación de Venezuela en relación con los Derechos Humanos.
La CIDH una vez más viola los principios que deben regir los Sistemas Internacionales de Protección de los Derechos Humanos, que se basan en la buena fe, imparcialidad, objetividad, no selectividad, diálogo constructivo, cooperación, transparencia y equilibrio, en ese sentido la República Bolivariana de Venezuela reitera su llamado a los gobiernos del continente para que no permitamos que se utilicen estos espacios de manera parcializada, intentando legitimar campañas políticas contra Gobiernos democráticos que enaltecen y garantizan los Derechos Humanos de sus pueblos, como es el de la República Bolivariana de Venezuela.


 
 

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