Nacer en Maracaibo significa
que uno anda casi siempre
-no se sabe de qué sitio- muy lejos
Hesnor Rivera
"Señas de Identidad"
Son tres las ciudades que vemos erigirse en Ciudades Nativas de Hesnor Rivera. La primera, la primigenia que leemos en Alonso de Ojeda, es la habitada por nuestros antepasados indígenas. La no ciudad del maíz y la yuca, de los palafitos encantados:
«La ciudad no existía. No tenía
como ahora su plazuela y su faro.
Su catedral anclada entre los barcos.
Sus barcos en la red de las torres
y sus torres en el alma del bosque»
(Rivera, 2000:11)
La segunda ciudad es la del faro, los barrios, el mercado, la plaza, los barcos, la catedral, el convento, el puerto. La ciudad-provincia que cuenta la historia universal del comienzo de todas las ciudades. Unos pocos cultivan, siembran, trabajan la tierra. Nacen nuevos oficios, costureras, policías, mercaderes, prostitutas, borrachos. Se habitan nuevos espacios. La plaza Bolívar, el mercado, el convento, el malecón, la catedral. Nacen nuevas costumbres. Gente de distintas nacionalidades llega a nuestro puerto a traer mercancía y a llevar de aquí otra. La ciudad crece y se expande mas no pierde su centro.
La tercera ciudad es la ciudad de la lluvia negra. La ciudad del petróleo. La ciudad destruida. La ciudad de las remodelaciones dementes. La ciudad producto de los intereses del siglo XX.
Una imagen permanece en las tres ciudades: la ciudad Casa del Lago. Hesnor Rivera escribe "la ciudad" a partir de su relación con el puerto. A partir de la memoria ancestral del puerto: "El puerto roto (…) vuela y se transforma en nave y en testigo o fantasma navegante…" (Rivera, 2000:23) El puerto es el hilo, es el canal por donde corren las imágenes, los imaginarios, que van construyendo la ciudad. Siempre está la relación del hombre con el agua, con el Lago. Desde allí vemos como se construye una sola historia de la ciudad que no solo alude a Maracaibo sino también a la Costa Oriental del Lago, es decir, la visión de ciudad que hallamos en Hesnor Rivera rebasa a Maracaibo, y se extiende por todo el estado. En el libro encontramos un poema llamado "Lagunillas", otro "Cabimas", otro "El Lago", otro "Ciudad"; todos guardan una estrecha e indiscutible relación. No sólo porque la historia de la Costa Oriental del Lago comparta la historia de Maracaibo, sino porque muchas de estas ciudades fueron habitadas por el poeta y, el poemario Ciudades Nativas, es una mezcla de recuerdos y vivencias que provienen tanto de la historia de la ciudad como de la vida personal del autor. En el poemario reconocemos por ráfagas rasgos de la primera ciudad, el aroma del aceite de coco, el cayuco, la relación del indígena con la tierra, el maíz, la yuca, el plátano, la pureza del Lago donde "…los peces se aprendían / de memoria el canto de los pájaros / para alabar la transparencia de los amores del agua". (Rivera, 2000:87)
La segunda ciudad es la de las carretillas con frutas, zapotes y melones, adornadas con peltre, los mercaderes árabes, las costureras, los borrachos, los policías, los marinos, las bailarinas, el gobernador, los barrios. En esta ciudad comienza el movimiento mercantil del puerto. En los poemas de Hesnor Rivera se ven barcos desembarcar mercancía, borrachos amanecen contemplando el Lago, el muelle es punto de encuentro para serenatas y enamorados. Los espacios transitados por los recuerdos son el convento, el mercado, la plaza, el malecón.
Luego se despliegan otras imágenes, las del "descubrimiento del lago", las del puerto roto: "El puerto de malecones rotos (…) es testigo de la llegada de aquellas raras naves semejantes a caballos hambrientos." (Rivera, 2000:28-29) Aparecen pequeñas radiografías de un cuerpo que muere a pedazos. "El primer mundo chapoteaba cautivo / en las fibras minerales del parto / que enlutó con esplendor las fuerzas / de los ámbitos nuevos." (Rivera, 2000:37)
Nace la era del petróleo. La ciudad comienza a desmoronarse y a ser invadida por gente de otras regiones del país y de otras nacionalidades: "la francesa amante de los trópicos (…) los siniestros gringos / y sus gringas con voz de guacamayo / y con patas de elefantas histéricas." (Rivera, 2000:25-26)
En el poema "Ambrosio Alfinger" encontramos desplegados los nuevos imaginarios que se instalan en la ciudad: canchas de tenis, cercados eléctricos. La gente emigra a campamentos en la Costa Oriental del Lago en busca de trabajo. La ciudad se viste de luto: "Sólo los peces póstumos / sacan a veces sus cabezas / de ahogados - sus boquitas / de borrachos que beben / para que los mate la nostalgia / de su viejo paraíso perdido." (Rivera, 2000:65)
Las imágenes que la lluvia negra provoca se leen bajo el tamiz de una memoria que recobra su fuerza primitiva. Se re-crea el universo imaginario de la ciudad. Una visión fantasmal de la ciudad es la atmósfera en la que se encuentran los poemas: palafitos encantados, resurrecciones sucesivas, cementerios continuos, muertes indígenas, faldas de organdí que vestían mujeres ahora de seguro muertas, los mercaderes árabes ven pasar el cadáver de sus clientes.
El imaginario tradicional, el transitorio y el sentimental residen en todas las ciudades. Sin embargo, el imaginario tradicional corresponde esencialmente a la ciudad de la memoria. De allí proviene la voz que dialoga con todas las demás ciudades y que se escurre por todas las hendiduras del tiempo. Así se crea en nosotros, lectores, la ilusión de estar leyendo en distintas épocas una misma historia. No en vano dice Hesnor Rivera: "…desde hace cuatrocientos años contemplamos / la misma historia naufragar en tu puerto." (Rivera, 2000:15) Esta imagen de eternidad, de serpiente que se muerde la cola, reincide una y otra vez entremezclando el paso de distintas generaciones. Pasa, como dice Italo Calvino, en Las Ciudades Invisibles (2001:26), que "la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene como las líneas de una mano." Se crea una sola concepción del tiempo, no es el presente, el pasado o el futuro sino El Tiempo.
Bibliografía
• CALVINO, Italo. (2001) 6ta Edición. Las Ciudades Invisibles. Madrid, Ediciones Siruela.
• CAMPOS, Miguel Ángel. (2002) La Ciudad Velada. Maracaibo, Ediciones Astro Data.
• GIRALDO, Luz Mary. (2001) Ciudades Escritas (Literatura y ciudad en la narrativa colombiana). Bogotá, Secretaría Ejecutiva del Convenio Andrés Bello.
• RIVERA, Hesnor. (2000) Las Ciudades Nativas (Contradanzas, El Lago de las mil torres). Maracaibo, Editorial de La Universidad del Zulia.
• ______________ (1982). Entrevista publicada en PANORAMA. Maracaibo.
• ______________ (2000) "ZULIA" En Maravillosa Venezuela. Caracas, Oscar Todtmamn Editores.













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17.05.08 @ 12:14