Caimán de Sanare

José Humberto Castillo, El Caimán de Sanare
Viviò en Sanare, la capital del Municipio Andrés Eloy Blanco
del Estado Lara.

"Yo aprendí con los viejos, desde pequeño le atendía a los mayores. Por eso es que los niños deben escuchá a los mayores con respeto y redención, sin rise; oír bien, ésa es la redención.
Me gusta escuchar cuentos para que los niños aprendan, porque ahí es donde está el futuro, para que cuiden lo nuestro, las bellezas, pa' aquella juventud que viene.
Yo busqué todos los trabajos y ninguno me resultaba porque no me daba la base, yo primero jui escobero, hacedor de escobas; después me metí a la pala; ya me iban a reventá esos guacales tan pesaos. A los amos de trabajo no les gustaba darme trabajo porque si se paraban cincuenta obreros duraban una hora escuchando los cuentos; por eso no me dieron más trabajo. Yo dije: los cuentos míos no los dejo así me maten. Cuando uno es nacío pal' cuento no vale ni que lo revienten; siempre he sido cuentista, desde chiquito."

-Caimán, ¿qué cuentos le cuenta a los niños?
-Yo busco cositas sagradas, que sea bien bueno. Si son chiquitos hay que contarles de pajaritos, de maripositas...

-Cuénteme uno de eso cuentos chiquiticos?

-Había una vez una niña que estaba soñando. Las taitas eran muy pobres y la niña dijo a soñar que andaba por un palacio muy bonito, de flores. Había un caminito pero muy bello, con agua por donde quiera, las flores le hablaban, toda clase de animalitos le hablaba. La niña era muy buena con los papás y era muy toñeca. Ella estaba soñando que iba caminando por aquellas montañas. Ella iba caminando y las matas le hablaban y las maripositas volaban sobre ella. Las matas como tenían sed: ?Tengo sed niña, como yo no me puedo mover de aquí, porque sino hay agua del rocío de aquí, yo tengo que estar aquí, dame una agüita que hay verano y no me puedo mover de aquí?. La muchachita llevaba una cantimplora, la llenaba allá y le iba echando a las matas. ¡Gracias muchachita!, se ponían las matas y las matas floreadas, toda clase de matas. Decía el clavel, le echaste agua a ellas y a nosotros no. ¡Ay clavelito, ya te voy a echá!, la muchacha era muy buena. Cuando llegues a tu casa, siembra flores, que nosotros comemos de ellas, le decían las maripositas. Esa es la comía de nosotros. Nosotros los varones comemos de la comida de los claveles, le decían las mariposas varones. Las maripositas hembras, ?nosotros comemos de aquellas, de aquellas flores de hembra?.

Pero les salieron unas malas. Unas brujas malucas. Déjenme pasar por acá. Yo tengo que pasar a aquel pueblo a conocerlo, dijo la niña. Dios mío, dijo la niña, déjeme pasar. En eso vino un ángel muy bonito, que venía con una espada: ?¡Dejen pasá a esa niña, déjenla pasar!, no le hagan males. Jajaja, decían las brujas. Le hizo en cruz con las espada y se fueron las brujas. Ay gracias ángel, que tú me has salvado. Si, siga derecho, que le dice. Yo te salvaré cada vez que te sientas en peligro. Gracias joven, era un joven igual que ella. El angelito estaba pequeño con su espada. La defendió.

-¿Y cómo te llamas ángel?
-Yo me llamo el ángel briquí briqueí, cuando esté en un peligro usted dice, el ángel brinqueí, brinqueí venga a salvarme.
Y así iba ella, si veía tigres o bichos malos o monstruos la salvaba. A ella le salieron muchos monstruos.

-¡guaaaaague!(sonido onomatopéyico semejando al monstruo o la fiera)
-¡Brinquí, brinqueí!
-Y salía el carajo con la espada. Les echaba cuero. Salían esos monstruos mandados.
-Gracias brinquí, brinqueí. Le salían los tigres, las panteras y saltaba rápido y así iba salvándose. Hasta que fue pasando, pasando y llegó a esa ciudad tan bonita. Eran puras flores y jardines y había un rey. Había mucha comida en el camino porque gastó mucho tiempo para llegar a esa ciudad. Eso era mucho tiempo. Ella se puso allí, la atendieron muy bien una jovencita. Fue creciendo, ya iba de quince años. Ella comenzó a caminar de siete años por aquel sitio. Cuando llegó allí estaba el joven que la salvó. Se enamoraron. El joven se enamoró de ella. Era un joven como un añito más que ella. Ella tendría como quince y él 16. Le preguntaron toda la vida de ella. Papá, yo me voy a casar con esta joven. Al taita le gustó. Le pusieron ropa muy bonita. Ropa como de una príncipa. La muchacha era bonita y se veía bella. Papá, yo la voy a pedir. El papá que era un rey de otra dimensión, buscó 24 caballos y una carroza. Tenía caballos di ala. Se vino la muchacha a pedir al papá y a la mamá pa casarse. Y se iban a casar en esa ciudad muy linda. Vino a pedirla. Fue un matrimonio lo más bonito. Se casaron. Se llevaron la mamá y el papá. Les dieron su casa y vivían preparados. Le dieron su casa, bien preparados con su comida, al lado del príncipe que era muy bueno con los papás. Allí vivieron y dice que recordó la muchachita y recordó y le echó todo el cuento al papá.

Le echó todo el cuento la muchachita. Y eso será que, que yo soñé que tengo mi novio en tal suidad. Y al tiempo, cuando creció la muchachita, un joven con los doce caballos, con el papá y la reina, que vivían en aquella suidad, a pidir la muchacha. Fue verdad, se le volvió verdá el sueño a la muchacha. Una realidad. Vino y vivieron allá conforme al sueño que tuvo. Fue una realidad. La muchacha no era de este mundo, era de otro mundo. Yo no sé cómo se llamaría esa suidad. Ese era todo el cuento.

Recopilación y transcripción de Violeta Villar Liste.